Martes 21 de Mayo

Bueno, así está la cosa:
Resulta que hoy tengo un examen, en un par de horas. Naturalmente, me puse a leer...
Una novela. El Rey Pálido, de David Foster Wallace.
Y tiene un pasaje interesante, os dejo con él:




- ¿Exigente? ¿Prosaica? ¿Mecánica hasta el hastío? A veces. ¿A menudo tediosa? Quizá. Pero ¿valiente?¿Valiosa?¿Digna, dulce?¿Romántica? ¿Caballerosa?¿Heróica? Caballeros... y con esto quiero decir, por supuesto, adolescentes tardíos que aspiran a la hombría... caballeros, aquí tienen la verdad: el verdadero coraje consiste en soportar el tedio minuto a minuto y dentro de un espacio cerrado. Esa resistencia, fíjense, es la síntesis de lo que hoy día, en este mundo que no hemos creado ni ustedes ni yo, constituye el heroismo. El heroísmo. Y me refiero a un heroísmo verdadero, no al heroísmo que puedan encontrar en las películas o en los cuentos infantiles. Ahora se están acercando ustedes al final de la infancia, están listos para el peso de la verdad, para cargar con él. La verdad es que el heroísmo de sus relatos infantiles no era un valor verdadero. Era puro teatro. El gesto grandioso, el momento de la elección, el peligro mortal, el enemigo exterior, la batalla en el momento del clímax cuyo resultado lo resuelve todo... todo está diseñado para parecer heróico, para excitar y gratificar al público. Al público. Caballeros, bienvenidos al mundo de la realidad: aquí no hay público. No hay nadie para aplaudirlos ni para admirarlos. No hay nadie para verlos. ¿Entienden? Esta es la verdad: el heroísmo verdadero no recibe ninguna ovación y no entretiene a nadie. Nadie hace cola para verlo. A nadie le interesa.

- El heroísmo verdadero son ustedes a solas en su puesto de trabajo. El verdadero heroísmo son los minutos, las horas, las semanas y los años enteros de ejercer la probidad y la meticulosidad en silencio, con precisión y sensatez: sin nadie que los vea ni les aplauda. Así es el mundo. Solamente ustedes y su trabajo, sentados en su mesa. Ustedes y la declaración de la renta, ustedes y los datos de liquidez, ustedes y el protocolo de inventario, ustedes y la tabla de depreciación, ustedes y los números.

- El verdadero heroísmo es incompatible a priori con el público o con los aplausos o incluso con la mera atención del hombre de la calle. De hecho, cuanto menos convencionalmente heróico o emocionante o llamativo o incluso interesante o cautivador parece ser un trabajo, mayor es su potencial para convertirse en escenario del heroísmo verdadero, y por tanto para reportar una especie de placer al que no se acerca nada que puedan ustedes imaginar.

- Tratar siempre con cuidado y meticulosidad hasta el último detale procedente del enredo descomunal de detalles, datos, excepciones y contingencias que constituyen la contabilidad del mundo real... eso es heroísmo. Atender plenamente a los intereses del cliente y equilibrar esos intereses con los áltos estándares éticos del CECF y con las leyes existentes, sí, servir a aquellos a quienes no les interesa el servicio sino los resultados, eso es heroísmo. Puede que sea la primera vez que oyen ustedes la verdad en términos claros y severos. El pasar inadvertido. El sacrificio. El servicio. Entregarse al cuidado del dinero ajeno: eso es discreción, persistencia, sacrificio, honor, valentía, bravura. Presten atención a esto o no, como prefieran. Apréndanlo ahora o más adelante: tiempo no falta en este mundo. La rutina, la repetición, el tedio, la monotonía, la fugacidad, la futilidad, la abstracción, el desorden, el aburrimiento, la angustia, el hastío: estos son los verdaderos enemigos del héroe, y no se engañen, ciertamente son temibles. Porque son reales.

Siempre indiferente, nunca inindiferente